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domingo, 4 de octubre de 2015

RESEÑA DE "CORTO MALTÉS:
BAJO EL SOL DE MEDIANOCHE" (2015)



Norma Editorial.
Colección Hugo Pratt.
Fecha de publicación: Octubre de 2015.
Guión: Juan Díaz Canales.
Dibujo y color: Rubén Pellejero.
Formato: Álbum en cartoné.
Tamaño: Edición en color, 22,5 x 29,7 cms.
Edición en blanco y negro, 24 x 32 cms.
Páginas: Edición en color, 96 páginas.
Edición en blanco y negro, 80 páginas.
Precio: Edición en color, 19,50 €.
Edición en blanco y negro, 24 €.

Para todos aquellos escépticos que no terminaban de ver claro el regreso de Corto Maltés, vayamos al grano... ¿Merece la pena el nuevo álbum realizado por Canales y Pellejero? La respuesta es SÍ, desde luego que SÍ, un SÍ rápido y contundente. Pero no es únicamente que merezca la pena, no... es que, personalmente, me ha encantado. Este nuevo Corto de factura hispana es una auténtica pieza magistral, una obra que nace desde ya con la etiqueta de clásico moderno de nuestra historieta. Tanto el guionista como el dibujante salen triunfadores de un envite que no resultaba nada fácil, puesto que era un reto en el que unos artistas de su prestigio y trayectoria profesional tenían poco que ganar y sí mucho que perder, a poco que hubieran cometido el más mínimo desliz. Esos son los inconvenientes de revivir un mito del cómic europeo más que un personaje. Los ojos de la crítica especializada estaban puestos sobre ellos, y no todo el mundo está capacitado para manejar semejante presión. Afortunadamente, la empresa ha llegado a buen puerto (en el caso de Corto, nunca mejor dicho) y los dos logran salir por la puerta grande después de haber toreado en la plaza más difícil de sus respectivas carreras. Palabras mayores.

En esta ocasión los autores nos devuelven al Corto más aventurero, alejado de las derivas esotéricas en las que se adentrara Hugo Pratt en sus últimas entregas de la serie. Para algunos eso no será una buena noticia, pero yo (supongo que al igual que la mayoría) siempre he preferido la primera etapa de Pratt al frente del personaje, la más netamente centrada en la aventura. Como todos ustedes sabrán ya a estas alturas, la acción transcurre en 1915, un año después de los hechos narrados en "Una balada del mar salado", primera saga publicada del marinero. Al final de dicha historia Corto y su némesis Rasputín terminaban marchándose en un velero, por lo que resulta lógico que en las primeras páginas de "Bajo el sol de medianoche" continúen estando juntos (al fin y al cabo, ¿qué sería del maltés sin el viejo Ras?), si bien, una vez finalizada la obligatoria presentación del villano en esta nueva etapa, sus caminos se separan muy pronto. El peso de Rasputín en esta nueva historia es, por lo tanto, poco menos que anecdótico.

El álbum está repleto de pequeños guiños que harán las delicias del seguidor veterano de Corto, aunque en ningún momento la inclusión de estos guiños entorpece en absoluto la lectura ni la comprensión de los hechos narrados. Por ejemplo, uno de mis favoritos es la armadura de kendo que Corto encuentra en la cabaña de Jack London en Dawson, y que trae inmediatamente a la memoria el primer encuentro del marino y el escritor en "La juventud de Corto Maltés", dentro del marco de la Guerra Ruso-Japonesa.

Desde el punto de vista artístico, la labor de Rubén Pellejero es más que sobresaliente, logrando siempre el equilibrio perfecto entre , por un lado, el respeto a la tradición y el lógico continuismo gráfico de la saga, y por otro, su visión personal como autor. El dibujante respeta todos los estilemas y los recursos visuales propios de Hugo Pratt (verbigracia, su tendencia al minimalismo en los fondos, la estructura de 4 tiras por página o esos inevitables planos frontales y laterales del protagonista que, de alguna manera, son marca registrada de la casa) pero al mismo tiempo, su representación gráfica de Corto es sutilmente distinta a la de Pratt. De hecho, si alguna palabra puede definir el trabajo de Pellejero en este álbum es precisamente esa, sutilidad. En este sentido, y aunque algunos me tachen de hereje, muy probablemente nos encontremos ante la obra mejor dibujada del personaje en su largo recorrido editorial.

Aún más destacada que la de Pellejero resulta la aportación de Juan Díaz Canales como guionista, convirtiéndose de los dos en la auténtica estrella de la función, algo que a priori pocos podían imaginar. Siguiendo la receta Pratt (es decir, con unos diálogos maravillosos y sin apenas textos de apoyo), Canales presenta una historia sólida, con mensaje ecologista incluido. Una historia monolítica, sin fisuras argumentales, tal y como requería la ocasión. Me entran escalofríos sólo de pensar en las montañas de documentación histórica que este hombre habrá tenido que manejar para reflejar correctamente un tiempo y un lugar geográfico tan marcados como el Gran Norte Americano a comienzos del siglo XX, en los albores de las expediciones árticas y en plena Primera Guerra Mundial. Como buen guionista, Canales es consciente que un personaje, por bueno que sea, no vale nada si no se mueve en un escenario atractivo y un entorno verosímil (y aún más en el caso de Corto, que en muchos casos es más un espectador de la Historia en mayúsculas que un actor en ella). Las aventuras de Corto Maltés siempre han sido la excusa perfecta para realizar viajes exóticos por la Historia del mundo. Por eso, el cuidado y el mimo puestos por el guionista en la ambientación son sencillamente exquisitos, con algunos momentos de extraordinaria brillantez. El relato del caudillo esquimal Ulkurib obsesionado con Robespierre, por ejemplo, es puro "Corazón de las Tinieblas" de Joseph Conrad (y al igual que el famoso líder jacobino, Ulkurib termina decapitado después de recibir una herida de muerte en la mandíbula que le priva de la palabra, "el arma más poderosa con la que doblegar o inflamar el espíritu de cualquiera"), mientras que la escena final del tiroteo con las prostitutas en el saloon es puro "Sin perdón" de Clint Eastwood.

Sólo espero que este álbum se venda como rosquillas, porque el trabajo de sus autores así lo merece. Les auguro a los dos una larga y exitosa carrera al frente de Corto, a poco que las ventas acompañen, como parece. Aunque por lo pronto ya hay planificada una nueva entrega de la serie, en la que incluso se rumorea que el personaje podría llegar a visitar España (no olvidemos que Corto, hijo de una gitana andaluza, se crió en Córdoba de pequeño, o eso escribió Pratt en sus "Memorias").

En cuanto a las dos ediciones publicadas por Norma, tengo que decir que, después de mucho sopesarlo, he optado por la edición en color. Sí, ya sé que los puristas de Corto prefieren leer sus aventuras en blanco y negro, y lo entiendo. Pero es que Corto fue publicado originalmente en blanco y negro, siendo sus historias coloreadas años después de su primera aparición, sin que Pratt interviniera en el color (aunque diese el visto bueno para que así se hiciera). En esta ocasión, es el propio Rubén Pellejero el que aplica el color personalmente. De alguna manera, de haber optado por la edición en blanco y negro, hubiera sentido que me perdía una parte importante del trabajo gráfico del autor. Además, de esta manera, se marca una distinción clara entre los álbumes dibujados por Pratt y los nuevos que vendrán de Canales y Pellejero. La diferencia en el precio (4 euros y medio) , así como el hecho de que la edición en color viniera acompañada de 16 páginas más con distintos extras, terminaron por decantarme definitivamente por esta opción. Aunque seguro que los muy prattianos terminarán haciéndose in extremis con las dos versiones.

Leyendo las viñetas finales de "Bajo el sol de medianoche", el lector no puede evitar tener un nudo en la garganta, una sensación extraña, mezcla de melancolía y tristeza, al verse obligado a despedir a uno de los personajes más legendarios del 9º Arte. Para muchos de nosotros un personaje fundamental en nuestras vidas, casi más un amigo que un ente de ficción. La misma sensación que debe sentir Corto cuando, tras hacer caso del sabio consejo del boxeador Frank Slavin ("No pierdas el tiempo si hay alguien esperándote, ni te calles lo que tengas que decirle... puede que luego sea demasiado tarde") viaja hasta Seattle para declararse a su amor platónico, Pandora Groovesnore (a quien conociera un año antes, en "Una balada del mar salado") sólo para descubrir que ya es demasiado tarde, puesto que está prometida con un tal Keith Murdoch... ancestro, por cierto, del magnate de las comunicaciones Rupert Murdoch.

Adiós, Corto, no tardes tanto tiempo en volver a visitarnos.

sábado, 3 de octubre de 2015

CORTO MALTÉS:
"THE CREMATION OF SAM McGEE" (1907)




El nuevo álbum de Corto Maltés de Canales y Pellejero, "Bajo el sol de medianoche", comienza con una secuencia onírica protagonizada por Corto y Rasputín. En ella los dos viejos antagonistas viajan en un trineo tirado por perros atravesando las vastas extensiones árticas del Gran Norte canadiense, en plena fiebre del oro. En un momento dado, sintiendo que su muerte está próxima, Ras hace prometer a Corto que no enterrará su cadáver en la nieve, sino que será incinerado. Tras fallecer, el marinero cumple su juramento, incinerando los restos del ruso en la caldera de un viejo barco de vapor llamado "Alice May", atrapado en el hielo del lago Lebarge. O eso pensaba él, porque cuando se disponía a marcharse, descubre que el fantasma de su amigo le exige, con malos modos, que cierre la puerta del horno. Y es que Ras nunca ha soportado el frío... Entonces Corto despierta de su sueño en el taller de un sastre en Panamá (¿alguna referencia oculta a la novela de John le Carré?). Se había quedado dormido en una butaca mientras leía un libro de poesía...

Con esta secuencia inicial Canales y Pellejero adaptan al cómic el poema clásico de Robert W. Service "The Cremation of Sam McGee", perteneciente al poemario "Songs of a Sour-dough" de 1907 (el término 'sour-dough' hace referencia a los habitantes del Yukón, territorio al noroeste del Canadá). El primer verso de esta composición les sirvió además a los autores como fuente de inspiración para el título del álbum. En el vídeo que tienen ustedes más abajo disponen de la mencionada secuencia junto con el poema original en inglés, recitado con maestría nada más y nada menos que por la incomparable voz del cantante Johnny Cash. Todo un lujo. La traducción al castellano intercalada entre las estrofas primarias es de un servidor. Que ustedes lo disfruten.




THE CREMATION OF SAM McGEE

There are strange things done in the midnight sun
by the men that toil for gold;
The Arctic trails have their secret tales
that would make your blood run cold;
The Northern Lights have seen queer sights,
but the queerest they ever did see
was that night on the marge of Lake Lebarge
that I cremated Sam McGee.

Bajo el sol de medianoche les suceden cosas extrañas
a los hombres que se afanan por el oro;
Los senderos del Ártico guardan historias secretas
que os helarían la sangre;
La Aurora Boreal ha contemplado prodigiosas visiones,
pero la más prodigiosa que jamás contempló
sucedió aquella noche a orillas del lago Lebarge
en que incineré a Sam McGee.

Now Sam McGee was from Tennessee,
where the cotton blooms and blows.
Why he left his home in the South to roam
'round the Pole, God only knows.
He was always cold, but the land of gold
seemed to hold him like a spell;
Though he'd often say in his homely way:
"I'd sooner live in Hell".

Y es que Sam McGee era de Tennessee,
donde el algodón crece y florece.
Por qué dejó su hogar en el Sur para vagabundear
alrededor del Polo, sólo Dios lo sabe.
Siempre tenía frío, pero la tierra del oro
parecía retenerlo como un hechizo;
Aunque él decía a menudo en su peculiar estilo:
"Antes preferiría vivir en el Infierno".

On a Christmas Day we were mushing our way
over the Dawson trail.
And you talk of your cold! And through the parka's fold
it stabbed like a driven nail.
If our eyes we'd close, then the lashes froze
till sometimes we couldn't see;
It wasn't much fun, but the only one
to whimper was Sam McGee.

Un día de Navidad estábamos pateándonos el camino
en la senda hacia Dawson.
¡Y tú me hablas de frío! A través de los pliegues del anorak
el frío se nos clavaba como puñales.
Si cerrábamos los ojos, se nos congelaban las pestañas
hasta el punto que, a veces, no podíamos ver;
No era demasiado divertido, pero el único
que se quejaba era Sam McGee.

And that very night, as we lay packed tight
in our robes beneath the snow,
and the dogs were fed, and the stars overhead
were dancing heel and toe,
he turned to me, and "Cap", says he,
"I'll cash in this trip, I guess.
And if I do, I'm asking that you
won't refuse my last request".

Y aquella misma noche, mientras yacíamos arrebujados
en nuestras mantas bajo la nieve,
y los perros se hallaban saciados, y las estrellas sobre nuestras cabezas
danzaban de puntillas,
se giró hacia mí y "Capi", dijo,
"me parece que voy a palmarla en este viaje.
Si es así, te pido
que no rechaces mi última voluntad".

Well, he seemed so low that I couldn't say no;
Then he says with a sort of a moan:
"It's the cursed cold, and it's got right hold
till I'm chilled clean through to the bone.
Yet it ain't being dead -it's my awful dread
of the icy grave that pains.
So I want you to swear that, foul or fair,
you'll cremate my last remains".

Bueno, parecía tan desmoralizado que no pude decirle que no;
Entonces dijo en una suerte de gemido:
"Es el maldito oro el que tiene la culpa
de que esté aquí congelado hasta los huesos.
Pero no es el morir -es el terrible pavor
a una tumba helada lo que me apena.
Así pues quiero que jures que, por las buenas o por las malas,
incinerarás mis restos mortales".

Well, a pal's last need is a thing to heed,
so I swore I would not fail;
And we started on at the break of dawn;
But God, he looked ghastly pale!
And he crouched on the sleigh, and he raved all day
of his home in Tennessee;
And before nightfall a corpse was all
that was left of Sam McGee.

Bueno, el último deseo de un camarada es algo que atender,
así que le juré que no le fallaría;
Y reanudamos la marcha al romper el alba;
¡Pero Dios, estaba horriblemente pálido!
Y se encogía sobre el trineo, y deliraba todo el día
acerca de su hogar en Tennessee;
Y antes de que cayera la noche un cadáver era todo
lo que quedaba de Sam McGee.

With a corpse half hid that I couldn't get rid,
I hurried, horror-driven.
There wasn't a breath in that land of death,
and because of a promise given
it was lashed to the sleigh, and it seemed to say:
"You may tax your brawn and brains,
but you promised true, and it's up to you
to cremate my last remains".

Con un cadáver semi-cubierto del que no podía deshacerme,
me apresuré, horrorizado.
No había ni un alma en aquella tierra de muerte,
y a causa de la palabra empeñada
permaneció atado al trineo, y parecía decir:
"Ya puedes devanarte los sesos,
porque me lo prometiste de veras, y de ti depende
incinerar mis restos mortales".

Now a promise made is a debt unpaid,
and the trail has its own stern code.
In the days to come, though my lips were numb,
in my heart how I cursed that load!
In the long, long night, by the lone firelight,
while the huskies, round in a ring,
howled out their woes to the homeless snows
-oh God, how I loathed that thing!

Y es que una promesa hecha es una deuda impagada,
y la senda tiene su propio y estricto código.
¡En los días por venir, y aunque mis labios se hallaban entumecidos,
cómo maldije aquella carga en mi corazón!
En las largas, largas noches, junto a la solitaria luz del fuego,
mientras los huskies, alrededor de un círculo,
aullaban sus aflicciones a las nieves desiertas
-¡oh, Dios, cómo aborrecí aquella cosa!

And every day that quiet clay
seemed to heavy and heavier grow;
And on I went, though the dogs were spent
and the grub was getting low;
And the trail was bad, and I felt half mad,
but I swore I'd not give in;
And I'd often sing to that hateful thing,
and it hearkened with a grin.

Y todos los días aquella arcilla inmóvil
parecía pesar más y más;
Continué adelante, aunque los perros estaban agotados
y los víveres escaseaban;
Y la senda era mala, y me sentía medio enloquecer,
pero juré que no me rendiría;
Y a menudo le cantaba a aquella cosa odiosa,
que me escuchaba con una mueca.

Till I came to the marge of Lake Lebarge,
and a derelict there lay;
It was jammed in the ice, but I saw in a trice
it was called the "Alice May".
And I looked at it, and I thought a bit,
and I looked at my frozen chum;
Then "Here", said I, with a sudden cry,
"is my crematorium".

Hasta que llegué a orillas del lago Lebarge,
y una ruina allí yacía;
Estaba atrapada en el hielo, pero vi en un instante
que se llamaba el "Alice May".
La observé, y medité un poco,
y observé a mi helado compañero;
"Aquí" dije entonces, en un grito repentino,
"está mi crematorio".

Some planks I tore from the cabin floor,
and I lit the boiler fire;
Some coal I found that was lying around,
and I heaped the fuel higher;
Well, the flames just soared, and the furnace roared
-such a blaze you never did see;
And I burrowed a hole in the glowing coal,
and I stuffed in Sam McGee.

Arranqué algunos tablones de la cubierta del camarote,
y encendí el fuego de la caldera;
Algo de carbón encontré allí tirado,
y amontoné el combustible hasta arriba;
Bien, las llamas ascendieron, y el horno rugió
-con una flama como jamás hayáis visto;
Y excavé un agujero entre el carbón encendido
y allí introduje a Sam McGee.

Then I made a hike, for I didn't like
to hear him sizzle so;
And the heavens scowled, and the huskies howled,
and the wind began to blow.
It was icy cold, but the hot sweat rolled
down my cheeks, and I don't know why;
And the greasy smoke in an inky cloak
went streaking down the sky.

Entonces me alejé caminando, puesto que no me apetecía
oírlo crepitar de aquel modo;
Y los cielos fruncieron el ceño, y los huskies aullaron,
y el viento comenzó a soplar.
Hacía un frío helador, pero un sudor cálido se deslizaba
por mis mejillas, y no sé por qué;
Y el grasiento humo con su manto de tizne
formaba volutas en el cielo.

I do not know how long in the snow
I wrestled with grisly fear;
But the stars came out and they danced about
before I ventured near;
I was sick with dread, but I bravely said:
"I'll just take a peek inside.
I guess he's cooked, and it's time I looked";
...then the door I opened wide.

Ignoro por cuánto tiempo en la nieve
me debatí contra el miedo espeluznante;
Pero salieron las estrellas y bailaron sobre mí
antes de que me aventurara por las proximidades;
Estaba enfermo de temor, pero con valentía dije:
"Echaré sólo una ojeada al interior.
Supongo que ya estará asado, y ya es hora de que mire";
...entonces abrí la puerta de par en par.

And there sat Sam, looking cool and calm,
in the heart of the furnace roar;
And he wore a smile you could see a mile,
and he said: "Please, close that door.
It's fine in here, but I greatly fear
you'll let in the cold and storm,
and since I left Plumtree, down in Tennessee,
this is the first time I've been warm".

Y allí estaba Sam sentado, con aspecto tranquilo y calmado,
en el corazón del horno rugiente;
Esgrimía una sonrisa que podías ver a una milla,
y dijo: "Por favor, cierra esa puerta.
Se está bien aquí dentro, pero temo mucho
que dejes entrar el frío y la tormenta,
puesto que desde que dejé Plumtree, allá en Tennessee,
es la primera vez que entro en calor".

There are strange things done in the midnight sun
by the men that toil for gold;
The Arctic trails have their secret tales
that would make your blood run cold;
The Northern Lights have seen queer sights,
but the queerest they ever did see
was that night on the marge of Lake Lebarge
that I cremated Sam McGee.

Bajo el sol de medianoche les suceden cosas extrañas
a los hombres que se afanan por el oro;
Los senderos del Ártico guardan historias secretas
que os helarían la sangre;
La Aurora Boreal ha contemplado prodigiosas visiones,
pero la más prodigiosa que jamás contempló
sucedió aquella noche a orillas del lago Lebarge
en que incineré a Sam McGee.

miércoles, 10 de julio de 2013

VERANO INDIO - HUGO PRATT & MILO MANARA



El término 'verano indio' (indian summer) es una antigua expresión inglesa con la que los anglosajones hacen referencia a un fenómeno meteorológico que ocurre normalmente durante los primeros días del otoño, cuando las temperaturas son bastante más elevadas de lo normal para la época del año. Un verano indio es, por tanto, el equivalente a lo que nosotros en España conocemos como 'veranillo de San Miguel' o 'veranillo de los membrillos', esos días de calor en mitad del otoño justo antes de que las temperaturas se desplomen anunciando la llegada del próximo invierno.

En 1983, 'Tutto ricominciò con un'estate indiana' (Todo comenzó con un verano indio) sería el título original italiano escogido para que viera la luz la primera colaboración entre dos gigantes del cómic europeo y universal: el veneciano Hugo Pratt y el veronés Milo Manara. Este álbum, más conocido en el resto del mundo simplemente como 'Verano indio', es una aventura de corte histórico que nos ubica en las costas de Nueva Inglaterra durante un otoño a principios del siglo XVII. Una comunidad de colonos puritanos -New Canaan- vive una precaria tregua con los indígenas de la tribu Squando, después de años de enfrentamientos. Pero la paz y la convivencia entre ambas comunidades es frágil, pudiendo saltar por los aires en cualquier momento por el más mínimo roce. El fuego del odio nunca se extingue del todo y se reaviva fácilmente.

En este contexto dos indios Squando -el sobrino del jefe de la tribu y un mestizo rubio llamado 'el Holandés'- violan a la sobrina del predicador de la colonia, recién llegada al Nuevo Mundo. Como represalia, los dos indios serán asesinados por Abner Lewis, un colono testigo de la violación. Ese será el comienzo de las hostilidades y el principio del fin para New Canaan, puesto que todas las tribus de la región se aliarán con el fin de vengar la muerte de los dos jóvenes indios asaltando el emplazamiento fortificado de los europeos.

Tanto Pratt al guión como Manara al dibujo demostraron con este álbum estar en la cima de sus carreras y sus habilidades artísticas. El guión pergeñado por Pratt tiene la fuerza novelesca de los mejores dramas de James Fenimore Cooper. Y qué decir de Manara... Personalmente, nunca he visto al autor italiano dibujar mejor que en este trabajo (para el que tuvo que realizar una dura labor de documentación histórica) conjugando al mismo tiempo la pasión de un joven aprendiz con la sabiduría y los recursos consumados de un maestro. En mi opinión esta es de lejos su mejor obra (junto con 'El Gaucho' la otra historia que dibujara con guiones de Hugo Pratt), quizás motivado también por el hecho de que el autor se aleja con ella de las historias eróticas por las que es conocido y que tanta fama le han granjeado a lo largo de su trayectoria profesional.

Las 13 primeras páginas con las que comienza 'Verano Indio' son auténtica historia del noveno arte, una larga secuencia muda digna de figurar en las mejores enciclopedias sobre cómic habidas y por haber. Una verdadera lección de arte secuencial, en la que las palabras no son necesarias para atrapar y seducir al lector (el silencio sólo es interrumpido por un lacónico diálogo en las páginas 10 y 11). Fijaos en la diáfana estructura narrativa, en la elección y concatenación de planos, en el ritmo de la historia, en las expresiones faciales de los personajes, en su lenguaje corporal, en la sabia utilización del color con la que se reproduce la luz otoñal, en la poesía del mar y las olas (y esas gaviotas, que tanto evocan a Corto Maltés)... Mil y un detalles que convierten estas láminas en puro arte. Una delicia que dejo aquí para vuestro disfrute.














miércoles, 29 de agosto de 2012

CORTO MALTESE CUMPLE 45 AÑOS



Bueno, pues ya estamos aquí, de vuelta de las vacaciones y listos para empezar el nuevo curso. Con las pilas cargadas y con ganas de continuar al pie del cañón, a pesar del movidito mes de Agosto que hemos pasado. 

Y qué mejor manera de reanudar la actividad del blog en Septiembre que recordar la figura de Corto Maltese (o Maltés), el inmortal personaje creado por Hugo Pratt en Julio de 1967 para el número 1 de la revista italiana Sgt. Kirk, en la que se publicó la primera entrega de 'Una ballata del mare salato'. Corto alcanza así en este 2012 los 45 años de existencia (la crisis de la mediana edad) y nosotros que lo celebramos, aunque sea con un mes de retraso (olvido inexcusable, por otro lado).

Corto Maltese es uno de esos cómics únicos, imprescindibles y de lectura obligatoria para todo aquel con un mínimo de sensibilidad, artística y poética. Uno de esos personajes irrenunciables para comprender de qué va esto que hemos dado en llamar arte secuencial, junto con el Teniente Blueberry de Charlier y Giraud o el Príncipe Valiente de Hal Foster (la santísima trinidad del tebeo de aventuras). No puedes llamarte aficionado al cómic y no haberlos leído. Su lectura representa una experiencia vital en sí misma, heredera directa de toda una corriente de literatura decimonónica, la novela de aventuras de autores como Melville, London, Rider Haggard o Verne. 

Corto Maltese es el 'alter ego' de Pratt, el genio veneciano de la tinta y la aguada, cuya vida fue no menos interesante y movida que la de su protagonista en la ficción. Maltese es el marino de la eterna sonrisa y la no menos eterna colilla en los labios, con sangre calé corriendo por sus venas. El personaje al que, siendo un niño en las calles de Córdoba, una gitana le leyó la mano el día de su cumpleaños, junto a la Puerta del Perdón, descubriendo horrorizada que le faltaba la línea de la fortuna. Corto pronto remedió esa carencia dibujándose una con la navaja de afeitar de su padre, derramando su sangre en el suelo. Nunca nadie más que él sería dueño de su propio destino.

Este tal vez sea el cómic más bello jamás dibujado. Mi consejo es que si todavía no lo conoces, le hagas un hueco en tus lecturas. Ningún cómic que se publique en la actualidad se le puede comparar. Ni de lejos.