domingo, 17 de febrero de 2013

EL ARTE DE JOSÉ LUIS GARCÍA-LÓPEZ (III):
UNDER THE INFLUENCE



‘Modern Masters Volume 5: J. L. García-López’.
Libro teórico centrado en el estudio del cómic.
Editorial: TwoMorrows, 2005, EE.UU.
Rústica, 120 páginas en inglés con ilustraciones en B/N.
Precio: 14’95 $.

La colección ‘Modern Masters’ es una serie de libros monográficos dedicados a los mejores autores del cómic de superhéroes de todos los tiempos, publicados por la editorial norteamericana TwoMorrows. Comenzaron en el año 2003 con un volumen dedicado a Alan Davis, al que siguieron otros dedicados a George Pérez, Bruce Timm y Kevin Nowlan. Esta quinta entrega estuvo dedicada a José Luis García-López. En la actualidad, la colección ha alcanzado la entrega número 28.

Uno de los capítulos más interesantes del libro es el titulado ‘Under the influence’, en el que el propio García-López desgrana personalmente en apenas 6 páginas quiénes han sido los autores que más le han influido o impactado artísticamente a lo largo de su carrera, a la hora de desarrollar su propio estilo. José Luis da una lista de 15 nombres: Joe Maneely, Héctor Oesterheld, Alberto Breccia, Dean Cornwell, Kreigh Collins, Norman Rockwell, Alex Raymond, Harold Foster, Víctor de la Fuente, Neal Adams, Milton Caniff, Ross Andru, Jordi Bernet, Stan Drake y Moebius. Algunas influencias eran más que evidentes. Otras no tanto. Pero la verdad es que, si nos paramos a analizar detenidamente la obra de este autor, la huella estilística de estos artistas se deja notar (en mayor o menor medida) en muchas de sus páginas.

Me he encargado de traducir personalmente este capítulo, porque las opiniones de García-López sobre sus autores favoritos no tienen desperdicio. Al mismo tiempo, nos permiten asomarnos de primera mano a la manera de vivir y pensar de este enorme artista.

Os dejo con ella, no sin antes lamentar que en España no se publiquen este tipo de obras teóricas, tan necesitados como estamos en nuestro país de libros teóricos sobre la historieta serios y rigurosos. Aunque la situación se ha ido subsanando parcialmente en los últimos años, la publicación de libros de estudio sigue siendo todavía deficitaria.

La edición de estos ‘Modern Masters’ sería sin lugar a dudas un paso adecuado en la dirección correcta.


'BAJO LA INFLUENCIA DE…'

Cuando tenía unos 14 años, obtuve un trabajo en una pequeña compañía de cómics. Eso sí, era pequeña entonces, pero había sido una compañía grande y poderosa en tiempos mejores, y tenían en el sótano un inmenso archivo, con cada revista que habían publicado desde sus inicios en las primeras décadas del siglo XX. Publicaban material doméstico y extranjero -principalmente tiras de King Features Syndicate, United Feature Syndicate, Tribune y cosas así. Todavía conservaban las litografías originales. Consistían en dos o tres tiras pegadas sobre un tablero, proporcional en tamaño a una revista de cómics, con una nueva traducción. Había cientos, miles de ellas, casi sin ordenar, y yo estaba en medio de aquel tesoro.

Tenía la historia de las tiras de prensa a mis pies, desde Bringing up Father, Jungle Jim, Terry y los Piratas, Príncipe Valiente, hasta Big Ben Bolt, Mark Trail, Brick Bradford, Dick Tracy, etc, etc… cualquiera que se te ocurra. También había obras de artistas desconocidos (para mi) de Inglaterra, Italia, España, Francia…

Por aquella época yo no analizaba los cómics, sencillamente los devoraba.


JOE MANEELY

Tenía unos 12 años más o menos cuando comencé a leer historias cortas reimpresas en Argentina de (ahora lo sé) Detective Comics, Atlas, Dell, etc. Había varios artistas que me gustaban: Russ Heath, Joe Kubert, Don Heck, Gil Kane… y uno llamado Joe Maneely. Sus primeros planos eran muy audaces, con líneas finas y manchas de negro, pero sus fondos, incluidas las figuras, tenían tramas hechas a base de líneas rectas y regulares. (Todos estos cómics se imprimían en blanco y negro). Nunca jamás volví a ver su trabajo, y quizás porque era muy joven era incapaz de explicarme por qué me gustaba tanto su obra, pero en aquella época copiaba su estilo e incluso algunas viñetas en un pequeño cómic que hice.

Para mi, aquel era el estilo más personal que había visto en los cómics con aquella edad, y supongo que, aunque ahora no lo recuerde, fue una gran influencia en mis comienzos. Al menos estoy seguro que Maneely era un gran comunicador para los chicos de mi edad.



HÉCTOR OESTERHELD

No era un artista gráfico, sino un escritor y editor. En los 50 lanzó dos o tres revistas de cómics donde escribía el 90%  de las historias. Variaban desde el género bélico al western, la ciencia ficción, el género histórico, etc. Era el mayor talento disponible en Sudamérica en aquella época.

Comencé a leer sus revistas un poco más tarde, en los 60. Consistían en historias cortas, de seis a diez páginas de duración, y tenían todo lo que querías (o quería) en un cómic en pocas páginas: una buena historia, con buen ritmo, con personajes creíbles y un estilo artístico muy distintivo. Leerlas era un auténtico goce, porque la interrelación entre texto y dibujo era impecable.



ALBERTO BRECCIA

Fue una poderosa influencia para muchos artistas de cómic de Argentina en los 50 y 60, incluido yo mismo, y fui afortunado de tenerle como profesor durante tres meses en la Escuela Panamericana de Arte. Aparte de su obra -que todavía me sigue impresionando- fueron sus poderosas ideas sobre el arte y su personalidad lo que más me impactaron. Era un artista que evolucionaba. Quiero decir, no sólo perfeccionaba su maestría, sino que cambiaba de estilo y siempre estaba buscando nuevas formas de expresarse artísticamente.

A través de él descubrí un mundo más amplio, no reducido a la pequeña escala de los cómics. Un mundo que lo englobaba todo, desde el cine a la literatura, desde el arte clásico al pop art. Era un adolescente por aquel tiempo, así que os podéis imaginar que todo esto dejaría una huella indeleble en mi futura carrera profesional.



DEAN CORNWELL

Por su culpa me he pasado muchísimo tiempo recolectando referencias y haciendo bocetos hasta obtener el diseño correcto, antes de plasmarlo definitivamente en el tablero de dibujo. Por supuesto, él hacía todo este trabajo preliminar para sus pinturas y frescos, pero a quién le importa… Algún día me gustaría alcanzar en mis acabados la misma calidad artística que él mostraba en sus bocetos.



KREIGH COLLINS

Sólo vi una tira de este artista -en español. Se llamaba ‘Kevin el denodado’(1). Un poco más tarde, encontré unos cuantos ejemplos adicionales de su obra en un libro de ilustraciones. Eso fue todo, pero fue suficiente para que apreciase su talento. Era un auténtico maestro de la composición, con un soberbio control de las masas de negro y de los espacios en blanco en las viñetas.



NORMAN ROCKWELL

La manera en que dibujaba a la gente corriente; el perfecto uso de las expresiones faciales y el lenguaje corporal; la manera en que componía sólo con figuras humanas sobre un fondo escaso, donde predominaba la blancura del lienzo.

Era grande.



ALEX RAYMOND

Tenía unos 15 años cuando vi por primera vez en las oficinas de King Features Syndicate en Buenos Aires dos dominicales de Flash Gordon. Eran grandes, y la impresión (litográfica, supongo) era exquisita. Ya estaba familiarizado con Raymond y otras de sus tiras, Jungle Jim, Rip Kirby,… pero observando aquellas enormes páginas dominicales de los años 30 me di cuenta que quería convertirme en un artista como él. En América es algo común sentirse incómodo al admitir que te gustan los cómics, pero Raymond puede demostrarle a cualquiera que el arte de los cómics puede equipararse a las Bellas Artes.



HAROLD FOSTER

Foster era otro monstruo. Cada una de sus viñetas abarcaba toda una clase de composición. Colocabas papel de calco sobre cualquier viñeta, especialmente en las escenas de grandes batallas, marcabas sólo las masas de negro, y toda la perfecta composición de la viñeta aparecía como una ecuación matemática. A pesar del trabajo monumental que suponía la realización de cada página durante tantos años, siempre mantuvo el mismo nivel de calidad en todo lo que hizo.

Algo no demasiado corriente en el arte de los cómics, antiguos o nuevos, es la manera en que Foster trataba los fondos. Estaban al mismo nivel artístico que sus figuras; no estaba únicamente rellenando un espacio en blanco detrás de los personajes. Podrías eliminar las figuras y todavía te quedaría un fantástico paisaje con el que entretener tus ojos, ya sea un castillo en lo alto de las colinas, un puerto mediterráneo o los grandes bosques del Canadá.



VÍCTOR DE LA FUENTE (2)

La cosa más importante que aprendí de su trabajo es que uno no necesita imitar a los mismos artistas que conoció y amó durante los años mozos. Me estoy refiriendo a los estilos clásicos que todo el mundo sigue. Cuando descubrí a de la Fuente a finales de los 60, me ganó la espontaneidad de su obra. Quiero decir, estoy segurísimo de que es riguroso con la planificación, pero su acabado final es tan fresco, tan vivo. Me queda mucho camino por recorrer, pero me gustaría obtener esa misma sensación en lo que hago. (Sólo veo eso en mis bocetos).



NEAL ADAMS

No me familiaricé con el arte de Adams en los comic-books hasta que llegué a los Estados Unidos. Por cierto, no estaba familiarizado con nadie fuera de las tiras de prensa sindicadas. Había visto previamente sus tiras diarias de Ben Casey, y me impresionaron la fuerza de sus figuras y expresiones. De todas maneras, para mi, él era un discípulo más en la línea de Raymond o Stan Drake.

Cuando vi su material en Batman, Green Lantern/Green Arrow, Superman y demás, me volví un converso. Me dije a mi mismo, ‘Si voy a hacer superhéroes, tengo que parecerme a este tío’. Durante aquellos primeros años trabajando para DC, Neal Adams fue mi mayor influencia a la hora de adaptarme al medio.



MILTON CANIFF

Lo primero que me atrajo de Caniff fue su narrativa. Luego, después de mi amor inicial hacia los estilos más clásicos, aprendí a apreciar realmente su dibujo, su magistral uso del blanco y negro y la belleza del trabajo de su pincel. Con Frank Robbins y Alex Toth tuve la misma experiencia. Disfruté sus tiras primeramente como lector, y posteriormente como artista. Detrás de esos estilos aparentemente sencillos, hay mucho que aprender.



ROSS ANDRU

Conocí a Ross Andru a través de Superman vs Spider-Man. Era en 1975 (supongo) y aproximadamente un año después DC lanzó Superman vs Muhammad Ali. Odio hacer comparaciones, pero en este caso es sólo para ilustrar mi opinión sobre lo que aprendí de Ross Andru. En Superman vs Spider-Man, los personajes eran las estrellas. Nada podía distraer al lector; era pura narración secuencial, con un estilo claro y clásico y grandes escenas. Aquí el artista estaba al servicio de la historia. No parecía más grande que sus personajes. Por otro lado, el cómic posterior era puro Adams. Tengo la impresión -y es una impresión personal- de que él era más importante que la historia que estaba contando. Yo por mi parte, intento ponerme al servicio del lector en primer lugar, y creo que aprendí eso de Andru.



JORDI BERNET

Lo descubrí a través de la serie Torpedo 1936. Ya me gustaba su obra anterior, pero en cuanto leí las historias comencé a verlo como el gran narrador que es. No necesitaba páginas complicadas, diseños de página estrambóticos ni pin-ups para mantener la atención del lector; se trataba sencillamente del mejor arte de los cómics de la vieja escuela.



STAN DRAKE

Hice algunas historias semirrománticas previas a mi relación con Charlton, pero cuando obtuve trabajo de ellos, se trataba únicamente de cosas románticas, y fueron Drake y su Juliet Jones quienes me salvaron y me sirvieron de inspiración. La manera de actuar de la que dotó a sus personajes, tan expresivos y tan dinámicos en su lenguaje corporal, podría ser la envidia de incontables estrellas de seriales televisivos.

En una historia de 22 páginas de superhéroes, normalmente tienes dos páginas (si acaso) donde no sucede nada, y en esas dos páginas puedes sentirte perdido -no tienes acción ni ninguna gran ilustración a la que recurrir. Stan Drake sólo tenía una pequeña pelea cada cien viñetas más o menos, y todavía era capaz de mantener tu interés en toda ocasión con sus estupendas actuaciones y sentido de la narrativa. Quizás el tipo de historias que hizo no vuelvan a ser populares nunca más, pero todavía puedes mirar aquellas tiras y aprender un montón sobre lo que es el arte secuencial bueno y sólido.



MOEBIUS

Giraud como Moebius reinventó el Art Noveau. Es un placer admirar esas viñetas donde los espacios en blanco son una parte importante de la composición. Es un artista que provoca contemplación y reflexión. Puedes dejarte ir en esos paisajes minimalistas.


Y: Neil O’Keeffe, Frank Frazetta, José Luis Salinas, Robert Fawcett, Charles Dana Gibson, Sergio Toppi, Warren Tuffts, Will Eisner, Howard Chaykin, Kevin Nowlan, David Mazzuchelli, Patric Gothias, Hermann, Gene Colan, John Cullen Murphy, etc, etc…

Porque como dijo Bruce Timm: ‘Estoy influido por cualquiera y por todo el mundo a quien he contemplado’.


- Anotaciones:
(1) En español en el original.
(2) Debido a una errata, en el original los editores rebautizan al artista español como ‘Carlos’ de la Fuente.

2 comentarios:

Mo Sweat dijo...

Un gran libro que no falta en mis estanterías. La verdad es que tengo un puñado de Modern Masters y puede que me haga con algunos más en el futuro...

Estoy totalmente de acuerdo en que este tipo de obras serían muy interesantes de publicar por aquí, pero supongo que no confían que puedan tener un gran público... En realidad Dolmen ya publicó una especie de Modern Masters a su manera, con los Monográficos Dolmen, pero lamentablemente quedó interrumpida su publicación y nunca más se supo...

Saludos.

Hombre de Trapo dijo...

Sí, es cierto. Los Monográficos Dolmen es lo más parecido que hemos visto por aquí a los Modern Masters. Yo mismo tengo los dedicados a Alex Ross, Alan Davis, Arthur Adams, Brian Bolland y el par de ejemplares destinados a John Byrne.

Sin embargo, la principal diferencia con los Modern Masters radica en la estructura, ya que estos últimos están basados en una amplia entrevista con el autor objeto de estudio dividida en diversos capítulos. Es decir, información de primera mano (lo cual en este tipo de obras es fundamental, en mi opinión).

Fíjate, uno de los primeros libros teóricos que compré en mi vida fue el mítico 'Los cómics Marvel' de Rafael Marín, hace la tira de años (unos 20).

Y uno de mis favoritos, sin duda, es el que Manuel Barrero dedicó a Barry Windsor-Smith, 'La Mirada Infinita', obra de referencia para todos los amantes del artista inglés.

Otro libro del que guardo un buen recuerdo es 'El cómic underground español', de Pablo Dopico, en Cátedra editorial.

En los últimos tiempos, la obra teórica más ambiciosa que se ha publicado en nuestro país (y que todavía sigue publicándose) son los doce volúmenes de 'Del Tebeo al Manga', de Panini, heredera directa (creo yo) de la 'Historia de los Cómics' que publicase Toutain hace más de 30 años.

Aún así, el volumen de obras teóricas en nuestro país sigue siendo claramente deficitario, especialmente si lo comparamos con la producción de otros países, (por no hablar de los EE.UU.).

Siempre me ha extrañado que, a pesar de la cantidad de cómics que se publican en nuestro país, este tipo de obras teóricas nunca haya encontrado un público estable que hiciese viable su mantenimiento en el mercado. Pero ya se sabe, 'Spain is different...'

Saludos.